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POESÍA


BESOS VIVIENTES

©A. CARMONA


Besos vivientes, de amor sincero.

Besos con el corazón adornado de adelfas,
precursores de las palabras “te quiero”.
Besos en el alma cuando mi alma besas.
Otros besos fueron en un anterior infierno,
besos de hastío, besos de desganas llenos.
Otros besos ofrecidos al dios Eros,
besos que solo sabían a besos con besos.
No quiero esos ósculos malditos y negros,
sentidos sin sentir sentimientos.
No quiero ser besado a través del negro velo
que me cubra el corazón de silencio.
Quiero los besos de un amor vivo,
alzados sobre la cima de caricias tiernas,
endulzados con el sabor del destino
que nos unió en una esperanza cierta.
Quiero los besos con los que me besas.
Besos de ángel, suaves, de amor ebrios,
besos con los que silenciosa expresas
palabras llenas de deseo y misterio.


DE LAS ENTRAÑAS DEL ALMA SURGIÓ EL DOLOR


©A. CARMONA



De las entrañas del alma surgió el dolor,
el dolor de la pérdida de un sueño.
El sueño de un ángel a quien se le agotó el corazón,
corazón de una madre que manó sangre,
sangre de su sangre, amarga como la hiel.
La hiel de la incomprensión, inexacta, enferma.
Enfermedad del alma, dolorosa e inmensa.
Inmensidad de la desgracia vivida:
Vivir sin que ese ángel exista.
La existencia inconsistente.
La inconsistencia de lo absurdo.
Lo absurdo de una muerte que no entendemos.
Entender la existencia del desconsuelo.
Desconsolados también aquellos que os querían.
Querer salir del túnel, subir a los cielos.
Cielo desde donde llegaría otro ángel,
ángel blanco, nublado de candor,
de candorosos sonidos musicales.
Música, armonía, concierto, cantor.
Cantante que alza al cielo su voz.
Voz potente, templada, coligada al sentimiento.
Sentimiento de saber que el ánimo emerge.
Emergencia de una nueva vida.
Vida que creció de nuevo en el vientre.
Vientre que había contenido al otro ángel.
Ángel blanco, como la luna blanca,
blanca de luz eminente.
Eminencia de la certidumbre del color.
Color balanceante en el espacio.
Espacio pleno de líneas del tiempo.
Tiempo pasado, tiempo presente.
Presente del arte de pintar.
Pinturas que elevan el alma certera.
Certidumbre de saber que hay vida.
La vida que vuelve tras la muerte.
Muerte, ¡vete ya! ¡Aléjate!
Aléjate de las almas de aquellos
Aquellos que ya sufrieron su pena.
Pena de los que una vez amaron.
Amor del que surgió el ángel.
Ángel que regresó en una noche, Blanca.


DESDE LA ORILLA LEJANA


©A. CARMONA

Desde la orilla lejana contemplo tus amaneceres.
¡Despierta amada mía!
Desde la atalaya del alma de poeta, te llamo,
porque tras del velo límpido de tu corazón,
diviso tus ansías de querer amar.
Desde la orilla lejana descubro tus ausencias,
recorridas dolorosas años tras años,
con desesperación perecedera.
Detenida en aquel día en que,
dibujando de color marino el cielo,
dominamos el dolor para convertirlo en deseo.
Desde la orilla lejana lancé mi voz al viento:
“¡Despierta del triste sueño”!.
Descubre la ilusión de ese paisaje,
decorando de ternura el presente.
Desde la orilla que ya es lejana,
dejo la palabra al verso,
declamo el verso de la caricia eterna y
demuestro al Mundo nuestro amor sincero.

EN ALAS DEL VIENTO

©A. CARMONA
En alas del viento volé a ti aquella tarde.
Fue una llamada al olvido del olvido,
un sabor a noche de verano en primavera,
un color, el de tus ojos,
una sensación, la de un ansiado beso.
En alas del viento me alcé hasta tu alma
que, elevada sobre los mezquinos, resplandecía.
Pedí un sueño y se hizo realidad.
Pedí la mejor de las realidades y estabas tú.
En alas del viento alcanzamos entonces las alturas
con el vértigo de que se rompiera el delicado amor,
pero con ansias por llegar a ser lo que queríamos ser.
En alas del viento sentí renacer la esperanza
y en alas del viento vuelo por un cielo azul,
infinito e…. imperecedero.



QUISIERA SER TUS OJOS DECRECIENTES
A Rosi Sentis

©A. CARMONA


Quisiera ser mañana tus ojos decrecientes.
Para que veas a través de mí los recuerdos
de una juventud alegre y trascedente,
que alimentó en mí la creación de estos versos.
Quisiera que pudieras ver de nuevo por tus ojos,
como cuando veías el amor de tu amado.
Amor cierto, inmenso y hermoso,
de ternura celeste colmado.
Pero tú, amiga, verás, con los ojos del alma,
el interior donde residen aquellos recuerdos,
que, pasado los años, aún permanecen en calma.
Veras el bosque encantado en tu memoria,
la luz del Sol y el titilar de las estrellas,
y recorrerás de nuevo con emoción tu sentida historia.
Y en las palabras de tu compañero y amado,
contemplarás el más bello de los atardeceres,
con igual sentimiento que en el pasado.


DE LA CIÉNAGA PROFUNDA DE LA VIDA


©A. CARMONA

De la ciénaga profunda de la vida
surgió el miedo al miedo.
Miedo de no saber querer,
o de querer sin saber lo que se quiere.
Terror incrustado en el alma
de quien anhelaba solo ser feliz.
Miedo pánico a las palabras,
a los sonidos del viento,
a las miradas torvas e intrigantes,
a los rayos del sol ardiente,
a las amenazas y gritos,
que surgían en la oscuridad de la noche.
Miedo a ser infeliz aún cuando ya lo era.
Desde el fondo del piélago verde
surgía la mordaza del alma dolorida
y el exterminio del sentimiento.
De las mismas profundidades de la tierra
llegó el miedo al dolor y a la soledad
atenazando las palabras y los actos,
miedo incorrupto en la mente clavado.


MAR QUE HACÍA TI ME LLEVA

©A. CARMONA

Mar azul, camino estelado por el que hasta ti navego,
bajo alas de gaviotas y sobre corveta de peces.
Mar azul de espuma moteado.
Desde él imagino tus ojos serenos
y tus labios deseosos de mil besos.
Sobre un mar compartido camino,
amando tus mismas olas y tu mismo viento,
y soñando con el encuentro deseado.
Navega andarina mi nave
enlazando tierras paralelas,
separadas solo por el viento,
que, atrevido y juguetón, acaricia mi rostro.
Arrumba mi nave con nudos de alegría creciente,
impulsada por el céfiro y por mi corazón de amante.
Avanza urgente hacía tus brazos,
para que, inminente, se aten a mi cuello,
mientras que mi corazón, anhelante de ti,
golpea, de amor, contra mi pecho.



MIRADAS SILENCIOSAS

©A. CARMONA



Miradas silenciosas.
Cerebros paralizados.
Cuerpos decrépitos.
Son ausencias de ser y existir, seres vacíos y distantes.
Asientos mudos, tristes y vida muerta.
Máquinas humanas cansadas de la inútil constancia.
No hay en ellos existencia, sólo recuerdos.
Nubes de imágenes en sus mentes:
Desde la infancia hasta el despertar de los deseos,
y después, nada, silencio.

Almas en cuerpos decrépitos encerradas.

Unas de sonrisas calladas y escondidas.
Conmemorando los momentos de amor
que en su vida hubo.
Ojos vivaces en los que la alegría se asoma,
felicidad pasada, guardada en su silencio.
Tiempo en el que estuvo amando.
Despedidas cotidianas y reencuentros.
Deseo de vida, de amar, de sentir los sentimientos.

Otras de bocas cegadas que desean el final cercano.
Manos temblorosas que se amaestran en la torpeza.
Seres sobrevivientes, inmóviles, ancianos.
Piel de escamas de vida no vivida, de amor no amado.
Seres ahítos de desamores y desencuentros.
¿Cómo conocer sus ignotos pensamientos,
para poder acompañarlos en su deambular cansado
y en el frío del corazón abierto?




DEL DIFICIL PRESENTE Y DEL PASADO
©A. CARMONA



En el punzante presente no olvides el feliz pasado,
envuelto en mantos de abrazos de hijos deseados.
Recuerda los instantes del brotar de nuevas vidas,
aquellas que, aun hoy, viven en ti sumergidas,
abrazadas al regazo de mujer siempre preñada
y anhelantes de tu amor de madre adorada.

Aunque frente al espejo veas los años pasados
y tras los años el deslizante crepúsculo dorado,
verás también la presencia de infancias alegres,
y el acontecer de los sueños de tus hijos presentes.
Y bajo el dosel del cielo de titilantes estrellas
las albricias de unas vidas de amor llenas.

No lamentemos ahora las penosas ausencias,
ni siquiera la sombra de la tuya amenazante.
Pensemos que cada día que alienta tu coraje
es un día ganado a la vida con tu presencia.





Liliana Arendar
Escritora de Buenos Aires y amiga
      

Durante la refiega tus palabras fueron al vacío,
arrojadas por el miedo y el desvelo de su defensa.
Eran las voces de tus noches, llenas de esencia.
En las que el “ansia” aplacaba tu tristeza y hastío.

Recordaba en aquellas nuestros vuelos nocturnos,
asi como el dolor de tu alma y el grito de mi silencio.
Eran hermosas palabras, verbos susurrados al viento,
de dos almas encerradas en sus absurdos muros.

Y en aquella noche, terribles tinieblas impetuosas,
clamores de desamor, de rabia y desesperanza llena,
arrebatadas con dolor de muerte por una ira ciega,
ira absurda, cripta de veneno verde, y monstruosa.
Verbos volando, vueltos, vagabundos y versos
Lía de ayer y mañana, de hoy en su inconexo nexo.